miércoles, 6 de mayo de 2015

La Fagoterapia, una Esperanza contra las Enfermedades Resistentes

Virus infectando una bacteria. Fuente: Prophage
Las enfermedades multi y panresistentes se han levantado entre las amenazas más graves y urgentes de nuestra época. Aunque muchas personas viven completamente ajenas a este peligro, los microorganismos capaces de aguantar cualquier tipo de antibiótico crecen en número y virulencia. Gran parte de la culpa radica en las deficiencias en los sistemas sanitarios en todo el mundo. Por otro lado está nuestra educación y la automedicación irresponsable. En último lugar, el abuso de medicamentos sintéticos, los cuales siempre actúan sobre mecanismos parecidos para matar al microorganismo.
Es hora de pensar en nuevas estrategias, como la fagoterapia, o nos condenaremos a que se diezme la población. Nos exponemos a pandemias de nivel mundial como nunca antes las habíamos visto. Pero lo peor de todo es que no estarán provocadas por nuevas bacterias, sino por algunas con las que llevamos peleando toda nuestra historia. Por suerte, ya hay quién está ideando métodos novedosos para tratarlas.
¿Qué es la fagoterapia?
Antes de eso, ¿qué es un bacteriófago? Pues son virus, ni más ni menos. Pero se habla de bacteriófagos cuando se habla de virus que solo infectan bacterias y no células como las nuestras. Como solo infectan a ese tipo de microorganismos, pueden matarlos sin que eso nos afecte en prácticamente nada. En otras palabras, la fagoterapia, también conocida como terapia fágica, es el uso de ciertos virus para tratar una enfermedad que no podemos curar con medicamentos convencionales. Es una técnica empleada desde los años 40 del siglo pasado y conocida desde antes. El proceso es el siguiente: se inyectan estos virus en el cuerpo, los cuales viajan hasta toparse con las bacterias objetivos, muchísimo más grandes. Inmediatamente se adhieren a su capa exterior y comienzan su replicación. Esta consiste en copiar su material genético, las instrucciones que todos poseemos, una y otra vez aprovechando la maquinaria celular que tiene la bacteria.
¿Por qué usan la maquinaria de la bacteria y no la suya propia? Muy sencillo: porque no la tienen. Los virus no se pueden reproducir por sí mismos. Lo único que pueden es "secuestrar" una célula y obligarla a copiar el material que llevan guardado. Los virus, normalmente, cuentan con una cápsula donde guardan este material genético y una cubierta con diversas formas que está preparada para encontrar, pegarse y atravesar la pared celular. Cuando se ha copiado muchísimas veces, la célula secuestrada "revienta", dejando libre miles de copias nuevas del virus, que harán lo mismo con otras bacterias. De esta manera, podemos matar un microorganismo que se ha vuelto resistente los medicamentos de manera segura ya que los fagos son muy específicos y no hay casi posibilidades de que nos afecten directamente.
Ventajas y desventajas ante una amenaza creciente
Para comprender por qué la fagoterapia es una alternativa viable y muy interesante hay que comprender la resistencia de los microorganismos. Las bacterias mutan fácil y rápidamente. En unas pocas generaciones desarrollan todo tipo de mutaciones, muchas de las cuales dan como resultado una nueva bacteria con características nuevas. Esta es su gran ventaja. Su sencillez les permite sobrevivir casi a lo que sea. Y cuanto más se exponen a un factor de estrés, mutan más rápido de lo que tardamos en diseñar nuevos medicamentos antibióticos. Finalmente, se llega a un punto en el que muchas de las bacterias resisten casi cualquier medicina.
La comunidad científica ya ha levantado varias alarmas al respecto, y se están trabajando en diversas soluciones. Una de las más prometedoras es la fagoterapia. Pero también tiene sus inconvenientes. El primero de ellos, obviamente, es el de seguridad. Los virus pueden ser letales. Y también mutan rápido. Por eso es imprescindible comprobar y re comprobar la seguridad de un virus antes de usarlo.
Esto implica mucho dinero, esfuerzo y controles exhaustivos muy largos. Y eso se repite para cada fago, pues son muy específicos. Además, un virus, aunque no nos infecte, provoca la alarma en nuestro sistema inmune, lo que puede provocar situaciones adversas (malestar, fiebre, shock anafiláctico). También está la inquietud sobre lo que pueda ocurrir a largo plazo. Desconocemos las consecuencias micro-ecológicas que puede tener un bombardeo masivo de fagoterapia. Por ahora se trabaja en terapias concretas para enfermedades concretas. Especialmente en el desarrollo de fagoterapias donde uno de los objetivos es encontrar una terapia comercialmente viable.
Por ahora los investigadores consideran que están bien encaminados aunque todavía faltan unos años para desarrollar una versión comercial. Al menos se vislumbra una esperanza al final del túnel.
¡¡Hasta pronto!!


Fuente: Santiago Campillo en http://hipertextual.com/