viernes, 20 de febrero de 2015

La Honestidad

             La naturaleza es honesta. Cada planta y cada animal expresa lo que es, sólo el hombre miente y engaña. Tal vez los niños son naturalmente felices porque son naturalmente honestos
         La honestidad como cualidad humana consiste en comportarse y expresarse con coherencia y sinceridad de acuerdo con los valores de verdad y justicia. Puede entenderse también como el respeto a la verdad en relación con los hechos, con las personas y consigo mismo.
            La honestidad debe ser el resultado de una elección personal, es una manera de actuar que se adopta libremente porque se considera que es lo mejor. Ser honesto significa pues, decidir cómo actuar con rectitud, justicia y honradez frente a los desafíos que plantea la realidad. Implica no mentir, no robar, no engañar y no hacer trampas, aun cuando alguna de esas acciones pudiese producir algún beneficio.
            Es una virtud adquirida a través de la educación. Con el tiempo se convierte en un hábito, es decir se transforma en la forma habitual de ser y actuar.
            Muchas veces los seres humanos tendemos a no querer enfrentar la verdad de las cosas porque el hacerlo implica tomar acción. En otras ocasiones negamos la realidad porque pensamos que si lo hacemos así, desaparecerá en algún momento. Pero pronto se descubre que el tiempo pasa y no es así, al contrario, las cosas se complican más, acumulando una mentira encima de la otra se va alejando cada vez más esa vida de paz que se añora tener.
            La falta de honestidad revela carencia de principios y valores sólidos. Los principios y valores necesitan ser alimentados habitualmente con lectura, reflexión, fe y oración. De lo contrario, se debilitan y mueren.
            El mayor problema para el entendimiento humano es la desconfianza causada por la falta de honestidad. Eso provoca que las acciones y las palabras no tengan ninguna credibilidad, lo cual dificulta el diálogo, el entendimiento, la colaboración y la convivencia, porque nunca podremos estar cerca de los demás, y los demás no querrán estar cerca de nosotros, debido a que la falta de honestidad está asociada a la traición.
Pero ¿Qué sucede cuando a nuestro alrededor hay personas que mienten, roban y hacen trampas sin que nadie les diga algo? ¿Por qué debemos ser honestos si hay quienes no lo son? ¿Por temor al castigo? Como ya se dijo, la honestidad es una decisión personal. Puede haber quien actúe honestamente para que no le sancionen, le regañen o le encarcelen. Pero las personas realmente honestas actúan así porque saben que este valor les hace mejores como individuos, les permite estar en paz con su conciencia y los convierte en seres confiables e íntegros ante los demás y ante sí mismos.
            Hay mucha gente deshonesta que logra “sobrevivir y triunfar” pero su vida es una farsa. Una de las cosas más tristes en la vida es no poder ser lo que se aparenta y vivir siempre con la angustia de ser descubierto. El mayor peligro de los deshonestos es que, a fuerza de mentir, llegan a confundirse tanto que ya ni ellos mismos saben cuál es la verdad. Si decimos algo que no es cierto o nos apropiamos de lo que no nos pertenece, las otras personas lo sabrán y tendrán mucha precaución al acercarse a nosotros. Ello nos cierra oportunidades.
        Si anhelamos una vida de armonía y paz interna es necesario ser honestos con nosotros mismos. Una vida sin secretos, presentándonos tal y como somos, sabiendo que la gente que está a nuestro alrededor nos quiere y admira por lo que somos, no por lo que proyectamos, es la más genuina representación del concepto de  honestidad.
No lo olvide: usted puede elegir ser honesto
            Hasta pronto!!

Fuente:
www.convalores.com