miércoles, 29 de abril de 2015

Habilidades Sociales Imprescindibles: Sonreír, Hablar Despacio y Preguntar

Nuestra falta de habilidades sociales nos puede limitar mucho a la hora de afrontar determinados retos en nuestras vidas. De estos, los más usuales se producen a la hora de enfrentarnos a entrevistas, presentaciones, o a las simples interacciones sociales o profesionales que se nos presentan.
La imagen que damos en esas situaciones, puede suponer la diferencia entre una interacción exitosa o un completo fracaso. Seguro que todos hemos vivido momentos ante los que no hemos reaccionado adecuadamente. Después, una vez superado el trance, y analizando la situación, nos hemos dado cuenta de las cosas que hemos hecho mal. Sin embargo, lo que muy pocas veces no podemos ver es, precisamente, el aspecto físico y la impresión que causamos a los demás, visto desde fuera.
Hay que sonreír más
El arma más poderosa que tenemos en nuestro arsenal de habilidades sociales, es sin lugar a duda nuestra sonrisa. Por desgracia, es el arma que menos utilizamos. A todos nos gusta ver una cara sonriente o que expresa alegría frente a una cara expresa preocupación o tristeza. Obviamente, esto no quiere decir que siempre haya que estar con la sonrisa puesta.
En general el modo por defecto a la hora de hacer cualquier tipo de comunicación debería ser la alegría. Esto ayudará a relajar la tensión en el ambiente y que nuestro interlocutor se muestre más receptivo a nuestro mensaje. Luego, ya habrá tiempo de cambiar de cara si el discurso o la situación lo merecen.
Sonreír cuando uno está comunicando, es mucho más complicado de lo que parece. Las primeras veces seguramente parecerá que tenemos cara de tontos, pero ese es precisamente el motivo por el que tenemos que grabarnos y ensayar antes de cualquier interacción de este tipo.
Hay que hablar más despacio
Cuando estamos nerviosos, nuestro instinto nos pide huir. Si lo que estamos haciendo es hablar en público, lo que queremos es que esa situación peligrosa, acabe lo antes posible. Esto nos lleva inevitablemente a hablar muy deprisa.
De nuevo, sólo la práctica deliberada de esta habilidad nos puede llevar a controlar mucho mejor nuestra cadencia a la hora de expresarnos.
El siguiente paso para controlar el tiempo de nuestras intervenciones es el complicadísimo arte de dominar los silencios. En cualquier presentación los silencios son herramientas muy potentes. Pueden invitar a la reflexión, pueden crear ambiente de misterio… De nuevo nuestro instinto nos hace huir de las pausas porque nos pone en una situación tensa. Todas las miradas se centrarán en nuestra persona, y en el motivo de por qué estamos callados. Por eso, siempre intentamos huir de ellas. De nuevo, la estrategia es siempre la misma, practicar deliberadamente estas pausas en aquellos momentos en los que nuestro discurso o mensaje así lo requiera.
Hay que preguntar mucho más
Esta última habilidad no está tan centrada en el ámbito de las presentaciones o exposiciones orales, sino más bien en el ámbito de las interacciones más personales o de cara a cara. Por ejemplo en una entrevista de trabajo, o en cualquier interacción con clientes (sobre todo si son nuevos).
Es habitual encontrarnos con personas que únicamente hablan de sí mismos, de lo que han hecho, de lo que han estudiado, de lo que pueden ofrecer, de quienes son, etc. Esto  recuerda a aquellas parejas que vienen de vacaciones o de luna de miel, nos invitan a su casa y nos ponen el dichoso vídeo de las mismas, sin habernos consultado. Luego, durante dos horas seguidas no paran de hablar de ellas. ¿Insoportable verdad?
Pues bien, ese es, aunque menor grado, el efecto que se llevan nuestros interlocutores cuando empezamos hablar de nosotros mismos sin tener en cuenta su punto de vista.
La manera de dar la vuelta a esta situación es muy sencilla. Si es posible, investiga antes con quién te vas a entrevistar o la organización para la que trabaja. Limita tu introducción a lo básico, responde a sus preguntas, pero no te quedes ahí. Pregunta. Y el secreto para hacer preguntas inteligentes, es disponer de información previa.
Cómo puedes ver, no estamos hablando de habilidades imposibles de obtener. Se requieren apenas unas horas de práctica inicial y unas horas de práctica real para dar un giro radical en nuestras interacciones y habilidades sociales.

¡¡Hasta pronto!!



Fuente: http://www.uncafelitoalasonce.com/