jueves, 13 de febrero de 2014

Como convertirse en un no fumador. Parte II

Con esta segunda parte terminamos por ahora el tema de cómo dejar de fumar que se inició con la publicación de ayer.
Sentirse incómodo durante los descansos
Quizá hayas dejado de hacer alguna de las pausas que solías hacer. Puede que tu próximo objetivo deba ser llegar a sentirte cómodo durante todos tus descansos y en todas las circunstancias en que estos se produzcan.
Para llegar a este punto necesitarás retarte a hacer descansos en situaciones fuertemente relacionadas con el tabaco. Quizá valores poco esas pausas ahora que no puedes fumar, pero es importante que te enfrentes a ellas para demostrarte que ya no las necesitas.
Tomarte descansos regulares es bueno y te animamos a que sigas haciéndolo. Con todo, un toque de atención: asegúrate que tu exposición a estas escenas no te lleven a una recaída; no te lances a una situación de alto riesgo sin estar preparado.
Es habitual sentirse incómodo durante las pausas, ya que ahora que no fumas puede parecerte que no tienes nada que hacer. No temas, con el tiempo te acostumbrarás, si bien puedes desarrollar tus propios rituales para hacerlo más fácil. Éstos pueden variar muchísimo: deberás descubrir qué te funciona, aunque algunas de las opciones son beber o picar algo, caminar con los amigos en lugar de quedarse parados o encontrar un nuevo interés común (como hablar sobre música, política o deportes).
Si socializas durante estas pausas, intenta hacerlo con otros no-fumadores, preferentemente en un área en la que no se permita fumar. Entendemos quizá esto suponga tener que conocer gente nueva, lo cual puede ser un desafío. Si no quieres cambiar de grupo, intenta a corto plazo evitar al grupo de siempre, mientras te resulte difícil convivir con fumadores.
Seguro que los miembros de dicho grupo comprenderán por qué lo haces, y cuando te creas preparado para volver a unirte a ellos sin sentirte tentado, hazlo llevando una alternativa al cigarrillo (como algo de fruta o una bebida). Pero asegúrate de que sea algo que no tuvieras previamente asociado con el tabaco. Quizás quieras pedirle a tus amigos que no te den un cigarro… ¡pase lo que pase!
Sentirse mal cuando las cosas no vayan bien
Sabemos cuán problemáticos pueden ser los sentimientos negativos a la hora de seguir sin fumar. Gran parte del problema es que la gente cree que el tabaco les ayuda efectivamente a sobrellevar esas situaciones y se aferran a esta creencia incluso cuando han dejado de fumar. Si a ti te pasa, nos gustaría que desafiases esa creencia confrontándola con hechos evidentes.
Fumar no te ayuda a relajarte: incrementa tu ritmo cardíaco y por ello es físicamente imposible que sea relajante.
Fumar parece disminuir el estrés, pero sólo alivia la tensión provocada por la propia adicción a la nicotina. Las investigaciones confirman que el único momento en que los fumadores se sienten tan relajados como los no-fumadores es inmediatamente después de fumar. Y también está confirmado que cuando se deja el tabaco, los niveles de estrés se reducen gradualmente.
El acto de fumar también puede parecer reductor del estrés porque rompe con otras actividades. Además, respirar profundamente (aunque sea aire sucio al tragar el humo del tabaco) induce una respuesta relajante de forma natural. En definitiva, los aspectos del tabaco que reducen el estrés pueden lograrse sin él.
Prueba a respirar hondo y exhalar lentamente… Hay otras muchas técnicas de relajación: ejercicio ligero, estiramientos musculares, un largo baño caliente… A lo mejor no te parecen tan efectivas a corto plazo pero si perseveras descubrirás que a medida que te habitúes serás feliz con los resultados. Ten en cuenta que muchas veces aquellos a los que más lucha les cuesta dejar de fumar son aquellos que más reacios son a buscar alternativas.
Otra cosa importante es tener un plan ante cualquier posible problema. Imagina una de esas situaciones y pregúntate que harás en lugar de fumar si llega el caso. Cuando encuentres la respuesta, tenla en mente como tu futura estrategia. Puede ser algo como pasar el rato con un amigo no-fumador muy cercano o hacer ejercicios de relajación. Sigue recordándote que fumar no es solución a problema alguno y que no recurrirás a ello si los problemas crecen.
Si sigues nuestro consejo y pruebas estas estrategias te resultará mucho más fácil seguir sin fumar. Lo último que querrás será recaer meses después, o incluso años, sólo porque sigues aferrado a la falsa creencia de que el tabaco te puede ayudar a lidiar con una emergencia.
Sentirse incapaz de disfrutar de los buenos momentos
Sabemos que puede parecer que se disfruta menos de algunas ocasiones si no se puede fumar en ellas. Quizá quieras desafiar la validez de esta idea. Esto significa plantearse ¿de verdad el tabaco hizo mejor la situación? ¿de verdad te pierdes algo por no fumar? ¿de verdad disfrutaste tanto de todos y cada uno de los cigarrillos que fumaste en esas circunstancias o es sólo un recuerdo? Intenta rememorar lo mal que te sentías después de una noche fumando como un carretero y cómo apestaba tu ropa. En lo personal, el amanecer sin el malestar respiratorio de fumar mucho en la noche anterior y sin ese olor nauseabundo en mi ropa y mi cuerpo, fue el primer gran beneficio que disfruté al dejar de fumar.
Puede suceder que te sientas incómodo en algunas situaciones sociales, que pueden ser difíciles cuando se deja de fumar, y especialmente si el tabaco jugaba un papel importante en ellas. A medida que ganes confianza será bueno que te expongas a esas situaciones con tus estrategias para lidiar con ellas en mente.
Insiste en que el tabaco es sólo un recuerdo y que vas a sustituir ese recuerdo por nuevas formar de pensar y actuar. Tómatelo como un reto personal y aspira a conseguirlo.
A lo mejor quieres ensayar mentalmente esas escenas antes de entrar en la situación real. Visualízate, por ejemplo, interactuando con otros fumadores y pasándolo bien sin tabaco. Ensaya también qué vas a decir si alguien te ofrece un cigarrillo: quizá quieras avisar a tus amistades de antemano de que no te ofrezcan tabaco bajo ninguna circunstancia. O puede que prefieras elegir a alguien de tu confianza para que actúe como guardián y te impida cometer un desliz.
Mantén en mente todo lo que estás ganando y lo que ganarás al dejarlo y recuerda que un solo cigarrillo echaría a perder todo lo conseguido hasta el momento.
Si aún así encuentras que has de luchar en las situaciones sociales, puedes intentar otros métodos. Ten siempre algo entre manos, si puedes evita por completo el alcohol (o si no cambia de bebida) e intenta estar cerca de no-fumadores y lejos de los fumadores y su humo (por si te resulta una tentación).
Y si todo falla, ¡huye! No tienes por qué marcharte, puedes ausentarte momentáneamente para refrescarte (ir al aseo es una buena excusa). Sal afuera un minuto, respira hondo unas cuantas veces y recuérdate que tu deseo de fumar se basa en falsos recuerdos.
Es una batalla que estás ganando. Después, vuelve y disfruta de tu victoria sobre la adicción.

Estos consejos tomados del portal www.sanitas.es son muy útiles en verdad. Quienes hemos podido dejar de fumar tuvimos que encarar muchas de los retos aquí descritos, y afortunadamente fue posible sortearlos positivamente. Es nuestro deseo que nuestros lectores con adicción al tabaco tengan éxito de convertirse en no – fumadores siguiendo estas magníficas recomendaciones.
Hasta pronto!!