jueves, 5 de diciembre de 2013

"EL OCEANO ESTA MURIENDO", dramático relato de un marinero

El experto marinero australiano Ivan Macfayden relata la colosal desilusión que experimentó en su último viaje por los mares de Australia, Japón, Nueva Guinea y Estados Unidos. Es un testimonio devastador sobre cómo los mares están siendo destruidos por el hombre… Y nadie parece estar haciendo nada al respecto.
“Fue el silencio lo que hizo a este viaje distinto de todos los anteriores”, apuntó Macfadyen para el diario australiano Herald. “El viento todavía azotaba las velas y chiflaba en las escotas. Las olas aún rompían contra el casco de fibra de vidrio. Y había muchos otros sonidos… Pero lo que faltaba eran los alaridos de los pájaros que, en viajes previos, habían rodeado al barco. Los pájaros faltaban porque los peces faltaban”.
Exactamente diez años antes, el marinero Macfadyen navegó exactamente el mismo curso desde Melbourne hasta Osaka, y lo único que tenía que hacer para pescar era tirar una cuerda con carnada. Esta vez, en esa gran porción del océano, el total de peces que pescamos durante 28 días fueron dos”, apuntó. “Sólo la desolación del océano rodeó nuestro barco mientras recorríamos un mar fantasma”.
Después de esto, al norte del ecuador, arriba de Nueva Guinea, los marineros vieron un gran barco pesquero trabajando en un arrecife a la distancia.
Estuvo ahí toda la noche y todo el día. Y en la mañana nos dimos cuenta que habían mandado un bote de motor hacia nuestro barco. Obviamente me preocupé. Estábamos desarmados y los piratas están por todas partes en esas aguas. […] Pero no eran piratas, o al menos no en el sentido convencional. El bote llegó a nosotros y los malayos nos ofrecieron cinco sacos llenos de pescado. Era pescado bueno, grande, de todos los tipos.
Les dijimos que no podíamos comer todo ese pescado, sólo éramos dos, sin lugar donde almacenar todo eso. Sólo se encogieron de hombros y nos dijeron que los tiráramos por la borda.  O lo harían ellos, pues sólo era una pequeña fracción de la pesca del día. Que ellos sólo estaban interesados en el atún y que para ellos todo lo demás era basura.
Macfadyen pensó en todos los barcos, que al igual que éste están acabando el océano poco a poco. Con razón el mar está muerto. Con razón sus líneas con carnada no pescaron nada. No había nada qué pescar. La historia continuó empeorando mientras avanzaban desde Osaka a San Francisco.
Cuando dejamos Japón, se sintió como si el mar estuviera en sí muerto. Casi no vimos cosas vivas. Vimos una ballena que estaba dando vueltas en la superficie con lo que parecía un gran tumor en su cabeza. En mi vida he recorrido muchas millas en el océano y estoy acostumbrado a ver tortugas, delfines, tiburones y grandes bandadas de aves marinas. Pero esta vez, por 3 mil millas náuticas no había nada vivo que ver.
En lugar de vida, había basura en volúmenes impresionantes. Parte de ello eran ruinas del tsunami que atacó a Japón hace un par de años. La ola levantó una cantidad inconcebible de cosas y las llevó al mar. Y ahí siguen, en todas partes, a donde volteas.
Macfadyen y su hermano encontraron nudos gigantes de cuerda sintética, hilo de pecar y redes; millones de pedazos de espuma de polietileno; manchas de petróleo y aceite; postes de luz con todo y cables que fueron arrancados por el tsunami; botellas de refresco; contenedores gigantes flotando en la superficie; una chimenea de una fábrica; y mucho más cosas. Tantas que no podían encender su motor por miedo a enredarse con algo si lo hacían.
“Estábamos serpenteando alrededor de toda la basura. Era como velear en un pozo de basura”.
De regreso en New Castle, Ivan Macfadyen aún está tratando de asimilar el horror que vivió en su viaje. “El océano está muriendo”, dijo.
Reconocer este problema es una tarea vasta, y parece que ninguna organización o gobierno tiene interés en hacer algo al respecto. Macfadyen se dirigirá  a ministros del gobierno australiano, para pedirles que ayuden en atacar este problema. Previamente se acercará a los organizadores de competencias marítimas, en Australia, para convocar a nivel internacional a grupos de marineros voluntarios que monitoreen la basura que está afectando la vida marina.
Este relato es un llamado a la reflexión de todos nosotros. Debemos esforzarnos en limpiar nuestro hermoso planeta y evitar la destrucción de nuestros mares.
Que la felicidad te atrape y no te deje escapar!! Hasta pronto!

Fuente: Ecoosfera, oct 25, 2013, que publicó el reportaje hecho por el diario Herald, en New Castle, Australia.